Los espacios públicos, las plazas y los parques de Nueva York son administrados por el Departamento de Parques y Recreación de la Ciudad (NYC Parks).
En los últimos años, esta institución se ha encargado de crear nuevos programas para que niños, jóvenes y adultos tengan conciencia sobre la importancia de cuidar su paisaje urbano.
Uno de estos programas es TreesCount! que en 2015 convocó a 2.300 voluntarios para que aprendieran cuáles son los árboles que están en su entorno, en qué estado se encuentran, qué cuidados necesitan, cuáles son sus medidas, cómo benefician a su población cercana, etc.
Durante meses salieron a recorrer las calles de los cinco condados junto a un grupo de monitores que los capacitaron previamente para que supieran cuáles eran los árboles que estaban estudiando y sus características.
Ahora la información de estas caminatas, que dieron origen a un catastro del bosque urbano, está disponible en un Mapa de árboles de la ciudad de Nueva York.En él cualquier persona puede revisar estadísticas sobre cada uno de los 685.781 árboles catastrados, un calendario de actividades relacionadas al cuidado de los árboles, el número total de especies y conocer cuál es la más común en su barrio.
Respecto a los datos de cada árbol, no se dejó de lado ningún detalle, partiendo porque a cada uno se le asignó un número de identificación único o ID, junto con darle un color dependiendo de su especie. Además, cuenta con su ubicación exacta acompañada de su imagen correspondiente en Google Street View, la posibilidad de avisar sobre un problema que presente y un resumen de los beneficios ecológicos traducidos en un valor económico para cada uno.
Esto último significa que al elegir un árbol en el mapa se puede ver la cantidad de aguas lluvias que retiene cada año (expresado en galones) y el dinero que este ejemplar evita que se gaste cada año. Lo mismo se estima con la energía eléctrica que se logra conservar, calculada en kilovatios por hora (kWh), y la reducción de gases contaminantes.
Todos estos son formulados según las cifras del Servicio Forestal de Estados Unidos que permite estimar un total de los beneficios ecológicos que da un árbol en dólares. En el caso del árbol de la imagen inferior, este tiene un beneficio para su población que equivale a poco más de US$500 dólares anuales.
Cortesía de Katherine McCormack, bajo licencia CC0 1.0
El pasado domingo el periódico chileno El Mercurio publicó en su sección de 'Cartas al Director' una misiva firmada por un grupo de arquitectos locales jóvenes, quienes plantean que los concursos públicos en su país no estarían considerando en su presupuesto siquiera los costos relacionados a los honorarios de nuestra profesión.
Firmado por Loreto Lyon, Alejandro Beals, Cristóbal Fernández, Andrés Mas, Diego Aguiló, Rodrigo Pedraza, Cristóbal Tirado, Rodrigo Duque Motta, Alberto Moletto, Paula Velasco y Matías Zegers, la carta postula que en la reciente convocatoria de diseño del Museo Regional de la Memoria y Derechos Humanos en la región del Bíobío (Chile), "los honorarios definidos para su desarrollo no alcanzan a cubrir siquiera los costos de los proyectos exigidos".
Este reclamo deja sobre la mesa una serie de preguntas que parecen haber sido escuchadas antes, pero jamás han sido zanjadas: ¿qué tan apreciado es el ejercicio de nuestra profesión más allá de nuestro propio campo?, ¿cómo medimos económicamente nuestro valor (y honorarios)?
La discusión es más profunda cuando se trata del Estado -y no el mercado- que convoca a los arquitectos para el diseño y planificación no solo de hitos culturales, sino también de las ciudades del futuro. Entonces, ¿qué rol nos cree asignar a los arquitectos?
Lo grave aquí es que, desde hace un cierto tiempo, circula la idea en el concierto internacional de que los arquitectos chilenos estamos preocupados por el desarrollo -arquitectónico y urbano- de las ciudades, tras un completo abandono en los años 80 y 90 gracias a la neoliberalización urbana estimulada por la dictadura de Augusto Pinochet. Este relato plantea que desde el retorno a la democracia, y con mayor fuerza en los últimos 10 años, una serie de recientes proyectos emblemáticos principalmente encargados por el Estado han vuelto el foco a la ciudad. A nuestras ciudades. No a los paisajes.
Concurso del edificio anexo del Museo Histórico Nacional de Chile, a cargo de Aguiló + Pedraza Arquitectos en Santiago. Image Cortesía de Aguiló + Pedraza Arquitectos
BBATS + TIRADO, Primer Lugar en concurso de diseño del Parque Museo Humano San Borja en Santiago. Image Cortesía de BBATS + TIRADO
Entonces, sí es real la preocupación que expresan los firmantes respecto a que "proyectos estatales emblemáticos y con buen presupuesto para su construcción no cuenten con los fondos mínimos para que se desarrollen apropiadamente". No es historia nueva aquí y en el mundo hacer reflexiones sobre la posición del Estado y sus funcionarios al momento de convocar a nuestra disciplina.
Sin embargo, en la sociedad chilena sus arquitectos han sido premiados recientemente a nivel internacional por sus recientes aportes a sus ciudades. Por eso, no nos podremos vanagloriar eternamente por una buena racha. Nuestra disciplina, al igual que el resto de las profesionales involucradas, debe ser reconocida al momento de ser convocada para pensar en proyectos públicos, es decir, proyectos de todos. Proyectos de bien común.
La oficna Beals+Lyon ganó el primer lugar de la rehabilitación de la Biblioteca del Congreso Nacional en 2013. Image Cortesía de Ministerio chileno de Obras Públicas (MOP)
A continuación, un extracto de la carta publicada:
Señor Director:
Somos un grupo de arquitectos jóvenes interesados en mejorar la calidad de las obras públicas de nuestro país. En los últimos años hemos participado recurrentemente en concursos de arquitectura convocados para este fin, logrando materializar varios de ellos. Queremos expresar nuestra preocupación por los criterios que se están ocupando en la actualidad en el llamado a estos concursos, los que consideramos deficientes y que seguramente tendrán un impacto negativo en el futuro de nuestras ciudades.
En particular, y a modo de ejemplo, queremos llamar la atención sobre las condiciones planteadas en el llamado "Concurso de Anteproyectos, Construcción Museo Regional de la Memoria y DD.HH., Región del Bíobío", el que fue entregado esta semana. Si bien se trata de un concurso muy interesante por su significancia cultural y por su emplazamiento urbano en la ciudad de Concepción, los términos de referencia entregados no permiten su ejecución con un estándar mínimo de calidad acorde al encargo, puesto que los honorarios definidos para su desarrollo no alcanzan a cubrir siquiera los costos de los proyectos exigidos, entre los que se incluyen mecánica de suelos, topografía, ingeniería estructural, paisajismo, proyectos de instalaciones y varios otros que el arquitecto a cargo debe incorporar y coordinar en su propuesta. La suma de costos de estos proyectos supera por sí sola el presupuesto de la consultoría, dejando al proyecto de arquitectura sin honorarios disponibles, siendo que es este el centro de la convocatoria y la especialidad que más tiempo, dedicación y recursos consume.
Los ganadores del Arcaid Images's Annual Architectural Photography Awards, el concurso internacional que premia lo mejor de la fotografía de arquitectura:
Capilla de campo Bruder Klaus, Mechernich-Wachendorf, Alemania. Arquitecto: Peter Zumthor. Fotógrafo: Mark Wohlrab
Casa Hygge, en Winnipeg, Canadá. Arquitectos: Plain, proyectos Pike, Urbanink. Estas “cabañas” Hygge, utilizando la palabra danesa , fueron construidas como pabellones de calefacción en una pista de patinaje en línea en Winnipeg. Fotografía: Paul Turang
Instalación de luz conocida como Forest of Light, por Sou Fujimoto. Fotógrafo: Laurian Ghinitoiu
Oficinas de la Wiel Arets Architects’ Allianz en Zurich, Suiza. Fotografía: Adrien Barakat
Estadio Nacional Baku. Arquitecto: ROSSETTI. Fotógrafo: Victor Romero
Estadio Olímpico, Helsinki, Finlandia. Arquitectos: Yrjo. Lindegren y Toivo Jäntti construyeron esta torre en 1938 para albergar los Juegos Olímpicos de 1940 -cancelados debido a la Segunda Guerra Mundial-. El estadio nacional de Helsinki finalmente llegó a ser la sede de los juegos en 1952. Su torre, en la foto, es de 73 m de altura. Fotografía: Sebastián Weiss
Museo Confluencias, Lyon, Francia. Arquitecto: Coop Himmelb. Fotografía: Fabrice Fouillet
Vitra Shaudepot, Weil am Rhein, Alemania. Arquitecto: Herzog & de Meuron. Fotógrafo: Julien Lanoo
Torre de Shanghái. Arquitecto: Gensler / Marshall Strabala. Fotógrafo: Nick Almasy
SESC Pompeia, San Pablo, Brasil. Arquitecto: Lina Bo Bardi. Construido en 1982, este centro cultural se construyó mediante la vinculación de torres de hormigón con una antigua fábrica de tambores de acero, a través de pasarelas de hormigón. Fotógrafo: Iñigo Bujedo Aguirre